Viajar a la costa de Castellón y no sentarse a disfrutar de su comida con calma es dejarse la mitad del viaje sin hacer. Cuando salimos de casa y cambiamos de aires, buscar un lugar agradable para compartir mesa se convierte en una de las partes más importantes y esperadas de la escapada. El mar Mediterráneo nos da un producto increíble, y en esta zona en concreto, la tradición marinera y agrícola marca el ritmo de los fogones y de la vida de la gente.
Si estáis organizando unos días por aquí, ya sea un fin de semana rápido o unas vacaciones más largas, y queréis saber cómo comer bien en Peñíscola, os hemos preparado una guía detallada. La idea es que vayáis a lo seguro, evitéis las típicas trampas para turistas y disfrutéis de verdad de cada bocado, desde el aperitivo hasta la sobremesa.
Antes de sentarnos a la mesa y mirar la carta, está muy bien tener claro qué pedir para acertar de lleno con los sabores locales. La cocina de la zona se basa, lógicamente, en aprovechar lo que el mar y la tierra dan cada día. Si os estáis preguntando qué comer en Peñíscola, hay varios imprescindibles que tenéis que probar sí o sí para entender la gastronomía local:
● El caragol punxenc: Es, sin duda, el producto estrella y más curioso de la zona. Se trata de un caracol de mar con una concha puntiaguda que tiene un sabor finísimo a mar. Lo más normal es pedirlo cocido en su punto justo o a la plancha con un toque de ajo y perejil. Sencillo, sin enmascarar el sabor, pero riquísimo.
● Pescado fresco de lonja: Las barcas salen a faenar a diario y traen auténticas maravillas. Pedir una buena lubina, una dorada salvaje, un rape o un lenguado es jugar sobre seguro. Cocinados al horno con unas patatas panadera o a la espalda con un buen chorrito de aceite de oliva virgen extra de la comarca del Maestrazgo, son una opción que nunca falla.
● Marisco local para abrir el apetito: Los langostinos de esta franja de la costa son muy reconocidos por su carne tersa y sabrosa, al igual que las cigalas. Son ideales para pedir como entrante y compartir en el centro de la mesa. Tampoco podéis dejar pasar unas buenas tellinas (coquinas) o unos sepionets (sepias pequeñas) a la plancha.
● Producto de la huerta: No todo viene del mar. Al estar tan cerca de Benicarló, la alcachofa con Denominación de Origen es un espectáculo cuando está en temporada (otoño e invierno), y los tomates de la zona en verano tienen sabor a tomate de verdad.
Si queréis conocer un poco más a fondo toda la tradición marinera que rodea a estos platos, los tipos de pesca o los horarios en los que las barcas llegan al puerto, siempre es buena idea consultar la web de Turismo de Peñíscola para organizar mejor vuestros paseos antes de la comida.
Paseando por el pueblo vais a ver un montón de opciones diferentes, tanto en el largo paseo marítimo a pie de playa como escondidos por las preciosas y estrechas calles empedradas del interior de las murallas. Elegir entre tantos sitios para comer en Peñíscola puede resultar un poco abrumador, sobre todo si venís en plena temporada alta o en un puente cuando las calles están llenas de gente.
Nuestro mayor consejo es que busquéis siempre lugares que huyan de las prisas, de los menús prefabricados y del trajín excesivo. Un buen restaurante en esta zona es aquel en el que se nota que le ponen cariño al producto. Hay que buscar sitios donde la comida se prepare en el momento, respetando los tiempos que marca la cocina tradicional, y donde el trato de los camareros sea cercano y amable.
Tomarse un vermut antes de comer, pedir unos buenos entrantes y no mirar el reloj mientras se hace la digestión es parte de la cultura española, y el restaurante que elijáis tiene que invitar a disfrutar de esa tranquilidad.
Venir a la Comunidad Valenciana, o a esta zona del norte de Castellón, y no pedir una paella es casi un delito. Muchos de los viajeros que nos visitan vienen con esa idea en la cabeza desde que salen de casa. Tener claro dónde comer paella en Peñíscola es lo que marca la diferencia entre una comida del montón, de las que se olvidan rápido, y un verdadero homenaje gastronómico.
Una paella bien hecha no entiende de atajos ni de prisas. Requiere su tiempo de preparación: un sofrito hecho a fuego muy lento con buena verdura, un caldo potente y sabroso, y, por supuesto, dejar que el grano de arroz absorba todo el sabor y repose sus minutos exactos antes de salir a la mesa. Solo así se consigue la textura perfecta y ese ansiado socarrat, esa capita de arroz tostado y crujiente que se forma en el fondo de la paellera y que a todos nos encanta rascar con la cuchara.
Más allá de la clásica y archiconocida paella valenciana (la de carne) o la tradicional paella de marisco, el recetario del arroz en esta zona es amplísimo y merece la pena salir un poco de sota, caballo y rey.
Otras opciones que siempre apetecen son un buen arroz a banda marinero (donde el marisco viene pelado y listo para comer, conocido también como arroz del senyoret), un sabroso arroz negro con la tinta de la sepia acompañado de un alioli casero, o, para los días en los que apetece algo con más caldo, un arroz caldoso con bogavante o con cangrejo azul.
La clave absoluta para conseguir los mejores arroces en Peñíscola no está en la cantidad de ingredientes que se le ponen por encima, sino en el fondo, en la base: el fumet. Ese caldo marinero, que se empieza a elaborar a primera hora de la mañana utilizando pescado de roca, morralla y galeras, es lo que le va a dar toda la potencia y el sabor definitivo al grano. Sin un buen caldo, no hay un buen arroz, así de simple.
En La Marinera trabajamos cada mañana siguiendo estos pasos tradicionales, haciendo los sofritos poco a poco y preparando nuestros caldos desde cero. Nos gusta que cuando entréis por la puerta sepáis que vais a probar recetas auténticas, hechas con producto local de cercanía y cocinadas con el respeto que merecen. Si os apetece ir pensando qué pedir, podéis echar un ojo a la variedad de arroces y platos marineros que tenemos preparados en nuestra carta para ir abriendo el apetito.
Os esperamos con las puertas abiertas para compartir un rato muy agradable, comer rico y hacer que vuestros días de descanso en el pueblo tengan el mejor sabor de boca posible. ¡Nos vemos en las mesas!